domingo, 20 de noviembre de 2011

Algunas versiones en torno a los orígenes de la literatura

Historia y origen de la literatura

Al remontarnos al origen de la literatura, lo primero que debemos tener en cuenta es que no coincide con el origen de la escritura. Los escritos más antiguos del mundo (como los textos sumerios o algunos jeroglíficos egipcios) no pertenecen a la literatura.

Es evidente que, para seguir avanzando con la historia literaria, es necesario definir qué es la literatura. A falta de una definición precisa, suele decirse que la literatura es un conjunto de saberes relacionados con el arte de la gramática, la retórica y la poética. La literatura, por lo tanto, no es sólo saber escribir.

Muchas narraciones se transmitieron en forma oral entre distintas generaciones, aunque tardaron siglos en plasmarse por escrito. Se considera que uno de los primeros textos literarios, o al menos del que aún quedan registros escritos, es el Poema de Gilgamesh. Se trata de una narración de origen sumerio que fue grabada en tablillas de arcilla con escritura cuneiforme, cuya primera versión se remontaría al año 2.000 A.C.

La mayoría de los textos sumerios fueron fijados en tablillas de barro y luego se hicieron diferentes copias. Además de Gilgamesh, otros reyes que formaron parte de la literatura épica de la época fueron Enmerkar y Lugalbanda.

La literatura china, por su parte, se inició hace más de 3.000 años. Aunque es posterior a la sumeria, se supone que, hasta el siglo XVII, se habían escrito más textos en China que en el resto del planeta.

Por último, cabe destacar que la literatura en español se remonta al siglo X, con las Glosas Emilianenses, un texto escrito en formas románicas españolas pero que no cuenta con carácter literario. Al siglo siguiente surgieron las Jarchas, breves composiciones líricas de carácter amoroso.

Tal vez el texto fundacional de la literatura en español, por su importancia, sea el Cantar de mío Cid. Aunque es un cantar de gesta anónimo, el manuscrito más antiguo ha sido firmado por Per Abbat.

Para analizar las características de la literatura, primero hay que tener en claro a qué se refiere dicho término, que proviene de la palabra latina litterae. La literatura es un concepto relacionado con el arte de la gramática, la retórica y la poética; por eso, su origen latino hace referencia al conjunto de saberes para escribir y leer bien.

Podemos afirmar que la literatura es aquel arte cuyo medio de expresión es la lengua. Por lo tanto, es importante tener en cuenta que el origen de la escritura no supuso el nacimiento de la literatura. Por el contrario, los escritos más antiguos de los que se tengan registros no son literarios.

Aunque es imposible establecer un único texto pionero de la literatura, una de las primeras obras literarias es el Poema de Gilgamesh, una narración de origen sumerio cuya primera versión data del año 2.000 A.C.

El ruso Roman Jakobson planteó que la especificidad de la literatura está en su forma: esa es la diferencia entre un texto literario y otro discurso. Una de las características de la literatura es su función poética, la capacidad del lenguaje para llamar la atención sobre sí mismo. Por eso, la literatura utiliza expresiones por su naturaleza estética, que producen placer o son agradables al lector.

Otra característica propia de la literatura es que apela a un lenguaje trascendente y estilizado. El lenguaje cotidiano, en cambio, está destinado al consumo inmediato y no perdura.

Dentro de la literatura, pueden reconocerse distintos géneros, que son modelos de estructuración formal y temática. Un género funciona como una categoría o grupo, que permite clasificar a un texto según su contenido. De esta forma, un relato pertenecerá a cierto género según diversos criterios semánticos, sintácticos, discursivos y fónicos, entre otros.

Más allá de los límites que puedan establecerse en teoría, las diferencias entre cada género y cada subgénero son difíciles de fijar e incluso varían con el tiempo.

Hace un tiempo nos preguntamos qué es la literatura y llegamos a la conclusión de que se trataba de un arte cuyo medio de expresión es la lengua. Claro que el lenguaje literario difiere de la lengua de uso cotidiano, ya que se trata de un lenguaje estilizado y trascendente que busca la perduración.

También nos interrogamos acerca del origen de la literatura y descubrimos que no coincide con el origen de la escritura. La literatura no se limita a saber escribir, sino que implica saberes relacionados con la gramática, la retórica y la poética. Hubo un amplio desarrollo cultural desde las narraciones orales hasta el testimonio escrito más antiguo del que se tenga registro: el Poema de Gilgamesh.

Ya sabemos qué es la literatura y cuándo se originó… es un buen momento para analizar cuáles son sus funciones. Por supuesto, la teoría literaria se ha explayado sobre estos asuntos en forma mucho más completa y precisa de lo que podemos hacer en estas breves notas.

A modo de aproximación, podemos comenzar con la enumeración de tres funciones: la evasión, la catarsis y el compromiso.

La evasión aparece con la intención de apartarse de las circunstancias de la vida. Es, según los especialistas, una fuga del Yo en busca de una distancia de la realidad.

La catarsis a través de la literatura, en cambio, consiste en la exteriorización de las emociones y los pensamientos. El escritor expone su interior y, de esta forma, puede liberarse.

En cuanto al compromiso, surge cuando el autor se propone la transformación del mundo a través de sus textos. La literatura permite denunciar los problemas sociales, políticos y económicos, con lo que ayuda a concienciar a la población y aparece como un instrumento de cambio.

Por último, podemos mencionar a quienes hablan del arte por el arte. En este caso, la literatura aparece como una herramienta estética, que busca entretener y causar placer a través de la belleza de su expresión.

El origen de la literatura

A falta de mejores evidencias, podríamos imaginarnos que las primeras manifestaciones literarias de la humanidad, por su simplicidad, debió ser el cuento. Cualquier otro género como la lírica o la composición de himnos, oraciones, ruegos o alabanzas dirigida a los dioses, demandó mayor complejidad. El cuento oral debió nacer alrededor de una hoguera cuando nuestros más remotos antepasados comenzaron a imaginar situaciones a partir de sus propias experiencias.

Esta es una opinión ya esbozada por Vladimir Nabokov en su “Curso de Literatura Europea” cuando aseguraba que la literatura no nació el día que un chico llegó corriendo del valle de neandertal gritando “el lobo, el lobo”, con un enorme lobo gris pisándole los talones, sino que la literatura nació el día que un chico llegó gritando “el lobo, el lobo”, sin que le persiguiera ningún lobo”.

De esta manera, la Literatura nace asociada a la capacidad de nuestros antepasados para inventar situaciones a partir sus propias experiencias, que fueron seguramente trasmitidas de generación en generación hasta convertirse en cuentos y más adelante en mitos que buscaban explicar la realidad. La persistencia de los mitos se mantiene en realidad hasta alrededor del año 600 a. C cuando en Grecia se inventa una nueva manera de pensar con el nacimiento de la filosofía.

Una parte importante en la experiencia del hombre de las cavernas cuaternario debió constituir la presencia traumática de fenómenos naturales que se situaban más allá de toda compresión de los primeros hombres de las cavernas. La lluvia, la alternancia de sol y de la luna, los cambios de la naturaleza o simplemente la presencia de fuego en algún árbol incendiado por la acción impetuosa del rayo, debieron constituir fenómenos aterradores que fueron posteriormente reverenciado como dioses, dando nacimiento en su forma más acabada a la mitología.

El asombro frente a lo que no se comprendía y la necesidad de explicarlo debieron ser una de las primeras actitudes del hombre frente a la naturaleza. Sin embargo, todo ese remoto pasado no puede ser más que imaginado.

Sin embargo, es el arte mural el que, por su grandiosidad, continua acaparando la atención del especialista y la admiración universal.

Las primeras formas reconocidas de algún tipo de escritura inventada por el hombre fueron representaciones pictóricas, de manera que la pintura viene a ser el antecedente más remoto de la escritura sirviendo, en este caso, como un eslabón perdido entre la literatura, tal como la conocemos, y la prehistoria de la humanidad.

Para muchos, la función de estas pinturas encontradas en remotas y a veces inaccesibles cuevas, debía estar vinculada a rituales mágico-religioso. Este tipo de vinculación entre literatura y religión se van a mantener en las primeras manifestaciones literarias de la humanidad trasmitidas en forma de mitos. Son numerosos los escritos encontrados en hallazgos arqueológicos que representan salmos, himnos, alabanzas o simplemente la visión cosmogónica de pueblos antiguos, expresados en un lenguaje literario y claramente dirigidos no a un receptor individual sino a los hombres en general.

Las primeras manifestaciones claramente literarias de las cuales se conservan testimonio, van a ubicarse en Mesopotamia, región situada principalmente en lo que modernamente ocupa la República de Irak.


Fuente consultada: Wikipedia. 


Origen de la literatura

¡Hijo del príncipe, a la salida del santo mar, tú eres todo irradiación [... ]
saliendo de la montaña a las santas ordenanzas en el amplio interior [...] del Abzu,
en el sublime Kiur, vasta morada de [... ]
aportando un vivísimo resplandor fuera de las profundidades, con trazos que inspiran terror
tú estás allí levantando la cabeza hacia tu buen destino, tu grandeza, tu sublimidad,
tú avanzas majestuosamente hacia el destino que va a ser(te) fijado:
el gran Ante ha dado, sin restricción alguna, tu realeza sobre el cielo y tierra,
Enlil ha hecho desplegar para ti una sublime naturaleza divina;
sin embargo, para que tú puedas abandonar majestuosamente la onda
inferior, según el destino decretado, la buena tierra, buen mar,
ha sido Enki, desde el interior del santo mar, quien la ha situado bajo tus pies.
Enlil te ha creado con la majestad y la cualidad de en,
Nanna, tu «creciente» es llamado «creciente del séptimo (día)»;
Enlil ha nombrado para ti en cielo y tierra tu nombre, un nombre santo,
hijo de príncipe, él ha hecho desplegar tu grandeza en cielo y tierra.
La sublime asamblea te ha hecho presente de su todo poderío divino,
sin embargo Enki, desde el santuario de Eridu, había decretado para ti tu destino de en, tu majestad;
desde el sublime Abzu del santuario de Eridu, dada tu gran cualidad de en,
el rey de cielos y tierra ha hablado, dada tu grandeza, en el [... ] Nanna, él ha decidido que tu cabeza
sobrepase a los Anunna.
Dotado de sus ordenanzas sagradas, que alegran el corazón, tú habitas una morada santa;
a los grandes dioses él los invita dignamente al sacrificio,
se sitúan para la distribución (de las raciones) con el corazón lleno de gran satisfacción:
él dio ofrendas que alegran el corazón a los dioses. Tú habitas un lugar sublime, un lugar santo,
Nanna, tú habitas un lugar santo, una mansión santa,
Enki consagra para ti la morada, hace esplendorosa para ti la morada,
santifica el cielo, hace brillar a la tierra,
dirige para ti hacia el cielo al Ekishnug al, el «templo bosque de cedros»,
tu sublime morada; hace para ti un lugar santo, fundamento de cielo y tierra
ordena para ti las reglas y los sublimes ritos de purificación [...],
[...] tu horno, hace brillar para ti la mesa en un lugar santo,
[...] su cena, tu cena y tu almuerzo,
[...] dispone para ti
Ha santificado para ti los ritos de purificación, los ha hecho resplandecer para ti,[1]


El anterior es uno de los textos ¿literarios? más antiguos, pero no podemos afirmar, ni mucho menos, que sea el primero. Sin duda existe ¿literatura? anterior a él pero no conservamos testimonios escritos.

Algo parecido o relacionado con la literatura es lo que encontramos en las pinturas rupestres, en las que el hombre representaba escenas de caza, por ejemplo, bien para relatar cómo se había desarrollado esa cacería, bien para “rogar” a la divinidad pertinente tener suerte en las que habrían de llevarse a cabo.


Pinturas rupestres, cueva de Lascaux, Dordoña, Francia

Estas pinturas rupestres son textos narrativos en muchos casos, de lo cual no cabe duda. Ahora bien, no las consideramos literatura, ya que no utilizan como código el lenguaje. Parece lógico pensar que mientras el brujo o el jefe de la partida de caza de la tribu pintaba las paredes de la cueva, o “dictaba” al artesano pintor lo que había de dibujar, iría relatando los hechos reales o imaginarios, reales o deseados. Ese relato sí podríamos considerarlo más cercano a la literatura, pero de él sólo conservamos su testimonio pictórico.

¿Entonces cuándo podemos empezar a hablar con propiedad de literatura?Para ello deberemos esperar a la aparición de la Historia, es decir, de la escritura, lo que sucederá en Mesopotamia en torno al 3000 a. C. con la escritura cuneiforme al parecer inventada por los sumerios y cuya técnica será utilizada por la lengua acadia y las que de ella derivan (asirio y babilónico), pero también por otras lenguas como el egipcio, hitita, persa, etc…

Pero el problema del comienzo de la literatura no lo resolvemos simplemente estableciendo la fecha del comienzo de la escritura, ya que se pueden escribir muchas cosas y no todas son literatura. Gran parte de los primeros textos conservados son oraciones, himnos –como el que veíamos más arriba- o códigos jurídicos, como es el caso del Código de Hammurabi, el más antiguo conservado y en el que aparecen las leyes que el  dios Soldictó a Hammurabi, rey de Babilonia (curiosamente, algo parecido le sucede a Moisés en la Biblia con los Diez Mandamientos. ¿Acaso será todo lo mismo? Ya veremos). Estos textos no son verdaderamente literarios, ya que les falta, entre otras cosas, la intencionalidad artística.

El que es considerado el primer texto literario es el Poema de Gilgamesh, escrito alrededor del año 2000 a.C. en caracteres cuneiformes y del que se conservan 12 tablillas de arcilla. Aunque es una obra muy incompleta y que conservamos en muy variadas versiones, en ella podemos encontrar ya algunos temas que serán recurrentes en la historia de la literatura, cómo es la búsqueda de la inmortalidad y del sentido de la vida y del dolor humano, el viaje aventurero e incluso la referencia a un diluvio que inunda la tierra (otra vez, qué curioso, vuelve a aparecer en la literatura mesopotámica un episodio que también encontraremos en la Biblia. ¿Por qué será?) . Se trata de un texto que, aunque tiene mucho de leyenda y de mitología, por supuesto, podemos ya considerar plenamente literario.

En definitiva, podemos decir que entre el 3000 y el 2000 a. C. se inicia la literatura tal y como la entendemos hoy en día. A partir de esa fecha irán apareciendo obras literarias en Mesopotamia, Egipto, Asia Menor, India, Palestina, China, etc.

Fuente consultada: José María González-Serna Sánchez. Introducción a la historia de la literatura, documento en línea, disponible en http://bibliotheka.org


[1]  "Himno sumerio." Enciclopedia® Microsoft® Encarta 2001. © 1993-2000 Microsoft Corporation.
Reservados todos los derechos.


Origen del cuento

El cuento emergió hace miles de años de una tradición transmitida de boca en boca. Durante algún tiempo esta materia narrativa, aunque escrita, mantuvo sus características orales. Después la encontramos enredada con otros géneros: la historia, la mitografía, la poesía, el drama, la oratoria, la didáctica. Sus formas son innumerables: el mito, la leyenda, la fábula, el apólogo, la epopeya, el chiste, el idilio, la anécdota, la utopía, la carta, el milagro, la hagiografía, el bestiario, el caso curioso, la crónica de viaje, la descripción del sueño, etc. Estas formas que encontramos en los orígenes del cuento se continúan en tiempos modernos y aún contemporáneos. 

Vayamos primero a los orígenes históricos: en el Cercano Oriente, Egipto, Israel, Grecia, Roma, India, China, etc.

En todas las literaturas se distinguen dos momentos: Primero, cuando el cuento se mezcla con funciones narrativas tales como la historia, la mitografía, la epopeya, el drama, la poesía elegíaca, la oratoria, la epistolografía, la erudición, etc. Y segundo, cuando el narrador adquiere conciencia de estar escribiendo cuentos autónomos con vistas a un género independiente. En la literatura griega, por ejemplo, hay un momento en que  el cuento aparece como mera digresión en la Historia de Herodoto; y otro momento en que el cuento se recorta con redonda unidad, como en Luciano.

Para leer los primeros cuentos del mundo tenemos que desprenderlos, pues, de una gran masa de escritos. Una vez desprendidos observamos que, además, los cuentos se desprenden de conversaciones (Apostillas). Así como todos los seres humanos llevamos la marca de nuestro nacimiento, que es el ombligo, los primeros cuentos del mundo llevan la marca de su nacimiento, que es la conversación de donde salen. Conversadores se ponían a contar acontecimientos extraordinarios que se desviaban de la situación ordinaria en que los conversadores estaban. El cuento, en sus orígenes históricos, fue una diversión  dentro de una conversación; y la diversión consistía en sorprender al oyente con un repentino excursus en el curso normal de la vida. 

Daré unos pocos ejemplos. Las inscripciones cuneiformes en tablitas de arcilla que hace cuatro mil años celebraban las aventuras del héroe sumerio Gilgamesh, en la Mesopotamia, participaban del arte de la escritura y del arte de la conversación pues más que para ser leídas esas tablitas servían para que los recitadores les echaran una mirada y luego improvisaran adaptando el relato al público del momento, sea con omisiones, sea con añadidos. En esas conversaciones, uno de los temas solía ser, precisamente, el de la conversación. Gilgamesh, en busca de la inmortalidad, visita al viejo Utnapishtim. Conversan, y de pronto Utnapishtim le cuenta cómo, avisado por un dios, había construido un arca, en la que se salvaron, él y sus animales, cuando sobrevino el Diluvio universal. Todos conocen por la Biblia el mito del Arca de Noé y el Diluvio; pero su primera versión  fue el cuento con que Utnapishtim divirtió a Gilgamesh, en una conversación.



Otro ejemplo. Los jeroglíficos sobre rollos de papiro, en Egipto, solían describir una situación en la que varios personajes, al conversar,  contaban cuentos. En un papiro de hace cuatro mil años, encontramos una conversación entre el rey Khufu (o Keops) y sus hijos. El rey está aburrido y los hijos lo entretienen, uno tras otro, contándole cuentos de maravillas. Otro ejemplo. En Homero (siglo IV a. C.), además de las aventuras que surgen directamente de la acción hay escenas en que los personajes, alejados de esa acción, se ponen a conversar. Así, conversando en el palacio de Alcinoo, cuenta Odiseo sus aventuras con los Cíclopes, con Circe, con las Sirenas, con Calipso. Acaso sea Luciano de Samosata (ca. 120-200 d. C.) el primer escritor de quien pueda decirse que fue consciente de que el cuento era un género independiente. Por eso es sintomático su diálogo Toxaris o de la amistad, donde oímos cómo los cuentos se van desprendiendo  de una conversación. Dialogan el griego Mnesipo y el escita Toxaris sobre en cuál de sus respectivas patrias se cultiva mejor la amistad. Cada uno cuenta  cinco ejemplos contemporáneos  de lealtad entre amigos. El diálogo, pues, es un mero marco: lo que vale son los cuentos. En la literatura latina las dos obras maestras de prosa narrativa –el Satiricón de Petronio (siglo I d. C.) y El asno de oro de Apuleyo (siglo II d. C.) –enmarcan en conversaciones varios cuentos de altísimo mérito artístico. En el Satiricón un personaje, Eumolpo, está conversando y de repente le viene a la boca el cuento de la viuda de Efeso. En El asno de oro la doncella Carita está quejándose de su desdichado cautiverio y una vieja,  para divertirla, le cuenta la historia de Cupido y Psique. En la literatura de la India hubo varias colecciones de cuentos. Una de ellos, Panchatantra –o sea, «cinco libros», compuestos probablemente entre los siglos IV a. C. y IV d. C. –,   tiene unas setenta narraciones enmarcadas en una breve introducción que cuenta cómo un viejo religioso se pone a impartir a tres príncipes ignorantes e indolentes los principios de la sabiduría práctica y lo hace mediante ejemplos.

 

Me eximo de otros ejemplos parecidos de Israel, India, China, Japón, Persia, Arabia. Ejemplos todos que pertenecen a la antigüedad; pero en las literaturas medievales y modernas, cuando el cuento ya se ha constituido en género autónomo, también encontramos los mismos procedimientos para mostrar cuentos como momentos de una conversación. En las obras literarias los armazones y marcos están simulando las condiciones de una conversación; y que en esa conversación imaginaria el cuento nos interesa con la misma fuerza con que, en una conversación real, despierta nuestra curiosidad el suceso que alguien se ha puesto de repente a contar.


Fuente consultada: Anderson Imbert, Enrique (1999): Teoría y técnica del cuento. 3era edición. Barcelona, España. Editorial Ariel, págs. 23-24.


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